lunes, 23 de agosto de 2010

La Ciudad Autónoma y la candidatura presidencial

Desde su fundación en 1536 por parte de Pedro de Mendoza, la ciudad de Buenos Aires se ha convertido en el lugar más emblemático de nuestro territorio, centro comercial supremo, capital del Virreinato del Río de la Plata, victima de las invasiones inglesas y tantos otros sucesos.

El histórico debate entre Unitarios y Federales es en la historia Argentina una marca que nunca pudo borrarse. Entre 1828 y 1831 por medio de una guerra civil se debatía el futuro del país naciente y se enfrentaron dos facciones: Por un lado los que defendían una organización en que todo este subordinado al poder centralizado en la Ciudad de Buenos Aires. Por el otro los que defendían una organización basada en la asociación voluntaria de los poderes regionales y que delegan algunas de sus atribuciones para constituir un Estado Nacional. La organización fue federal finalmente, sin embargo fue inevitable el control comercial y político de Buenos Aires.

La Capital Federal cuenta con un área de 202 km2 y una población de 3.034.161 de habitantes, que representa un 7,7% de la población del país. Desde la reforma de 1994, el artículo 129 de la Constitución Nacional la designa como Ciudad Autónoma de Buenos Aires y le permite dictar su propia constitución, que finalmente fue establecida en Octubre de 1996.

Muchos afirman que la administración de la ciudad es una de las tareas más fáciles para un político, esto se debe a que Buenos Aires, por ser el centro del poder económico estatal, siempre ha tenido superávit, es quien más aporta a la coparticipación federal y quien menos recibe, prácticamente se autofinancia. Como no depende del financiamiento estatal y siendo un distrito típicamente opositor, la ciudad se vuelve un lugar ideal para que los candidatos opositores demuestren sus virtudes de gestión apuntando a una futura candidatura presidencial.

El Producto Bruto Geográfico de la Ciudad de Buenos Aires ascendía en 2008 -después de un año de gestión de Mauricio Macri- a 233 mil millones de pesos; esta cifra representa alrededor de la cuarta parte del Producto Bruto Interno del total del país. Es además el 13° centro urbano del mundo en términos del tamaño de su mercado.

La desocupación en la CABA alcanzó en el cuarto trimestre del mismo año una tasa del 5.5% de la población activa, equivalente a unas 88 mil personas, y la subocupación un 8.1%, equivalente a 131 mil personas (ambos valores son de los más bajos y están por debajo de la tasa del total del país).

Una correcta gestión en la Ciudad Autónoma llevó en 1999 a Fernando de la Rua (el primer Jefe de Gobierno desde la autonomía) a la Presidencia de la Nación, pero una buena gestión en el ámbito de la ciudad no implica una buena gestión presidencial y a la vista están los resultados, la peor crisis del país se dio en 2001 y su mandato se vió interrumpido por un estallido social.

Hace una década Aníbal Ibarra era uno de los políticos con mayor aceptación y llegó a la Jefatura de Gobierno en el 2000. En 2003 fue reelegido, su imagen positiva era alta y su gestión correcta, hasta el fatídico episodio de Cromagnon que lo dejó fuera del cargo.

En la actualidad, el Jefe de Gobierno Mauricio Macri, es uno de los candidatos más fuertes de la oposición y aún después del escándalo de las escuchas y su procesamiento, se mantiene firme en su candidatura. Su gestión ha tenido conflictos públicos como los vínculos entre la corrupción y la naciente Policía Metropolitana, pero también muchas otras cuestiones menos difundidas y de las más relevantes como por ejemplo la gestión en Salud es muy cuestionada y ya se analizan dos proyectos en la legislatura porteña para crear una comisión investigadora que siga la gestión y al propio Ministro Jorge Lemus. Es de suma importancia que el electorado este atento y se informe, una gestión en apariencia buena en la ciudad y con mucha difusión puede sugerir al candidato ideal para la presidencia, pero no todo lo que brilla es oro.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Cómo se aprueba una ley

Hemos visto en todos los medios en este último tiempo el debate fervoroso sobre algunas leyes como las de glaciares y de matrimonio igualitario, pero es poca la gente que sabe realmente que es necesario para que una ley sea aprobada en nuestro sistema de gobierno.

El Poder Legislativo esta compuesto por dos cámaras, la de Diputados (o cámara baja) con 257 miembros y la de Senadores (o cámara alta) con 72 miembros, que sesionan de forma ordinaria desde el primero de marzo hasta el treinta de noviembre de cada año. En la actualidad el Frente para la Victoria cuenta con el bloque mayoritario en ambas cámaras, en Diputados con 87 miembros, seguido de lejos por el bloque de la Unión Cívica Radical con 43, y en Senadores con 31, también seguido por la UCR con 14 (Cabe aclarar que la UCR forma parte del Acuerdo Cívico y Social junto a la Coalición Cívica y el Partido Socialista).

Un proyecto de ley puede ser impulsado por cualquiera de las dos cámaras indistintamente y puede ser presentado por sus miembros o por el poder Ejecutivo (exceptuando algunos casos extraordinarios como las leyes sobre contribuciones y reclutamiento de tropas para los Diputados y la autorización del estado de sitio para el Senado). Una vez aprobado en su Cámara de origen pasa a la otra para ser discutido, si es aprobado por las dos se lleva al Ejecutivo de la Nación para su examen y si es aprobado finalmente la ley es promulgada.

En el caso de que el Poder Ejecutivo rechace el proyecto (tiene un plazo de diez días para devolverlo y puede ser rechazado en su totalidad o en parte), éste volverá a la Cámara de origen primero y de revisión después, finalmente si las dos Cámaras aprueban el proyecto con dos tercios de votos se convierte en ley automáticamente y pasa al Ejecutivo para ser promulgada.

La aprobación de una ley requiere un debate minucioso sobre cada punto de la misma, incluso sobre cada palabra, es así como se dio un debate sobre si se debería llamar “matrimonio” o “unión civil” a la unión de dos personas ante la ley. Es importante también tener en cuenta los proyectos que son “paquetes” de leyes, y debatir sobre cada una puntualmente, consultando a expertos sobre cada tema para llegar a la decisión más acertada. Vemos a menudo que en las cámaras en lugar de darse esta investigación y consulta a profesionales especializados, simplemente se vota en bloque en contra o a favor del oficialismo o de cualquier otro sector.

Es fundamental que el Poder Legislativo funcione correctamente para mantener a la democracia en funcionamiento, es importante tratar los proyectos con altura, obtener la información necesaria en cada caso, si esto no funciona el sistema se vuelve obsoleto y decadente. Es riesgosa la existencia de políticas secretas tras bambalinas, fuera de la visibilidad del debate y de la posible obstrucción al ejercicio legislativo. También la representación de intereses corporativos en lugar de los problemas sociales y por último el hecho de que muchos legisladores nacionales, dada la ausencia de penetración estatal en determinadas provincias, responden a intereses patrimoniales locales más que a cualquier esbozo de idea de bien común para la ciudadanía.