miércoles, 3 de noviembre de 2010

La polarización argentina

Esta última semana instaló un solo tema que acaparó la atención popular, el fallecimiento del ex mandatario ha absorbido todo, y los interrogantes son muchos ¿Qué pasará con la presidente, tendrá la capacidad y la fuerza para liderar al justicialismo? ¿Cómo quedará armada la escena política nacional sin el hombre más importante de los últimos 10 años y único candidato fuerte a la presidencia en 2011? ¿Se conservará el Frente para la Victoria sin su líder? Creo que para responder todos estos interrogantes aún es pronto, sin embargo hay un tema puntual que me preocupa: la polarización.
La historia argentina tiene sobrados ejemplos de la “polarización” de la que hablo. Las famosas disputas entre Unitarios y Federales han dejado un saldo de miles y miles de personas muertas. Más tarde, ya con el movimiento obrero conformado las disputas fueron entre anarquistas y socialistas. La Unión Cívica Radical fue el primer partido masivo en el país, y por supuesto no se salvó de la polarización, Hipolito Yrigoyen vs. Marcelo T. de Alvear, dos maneras diferentes de ver las cosas dentro de una misma estructura partidaria.
Cuando apareció el Justicialismo, con el anarquismo ya liquidado y un socialismo que carecía de potencia electoral, logró captar a un gran sector de la sociedad que no se sentía identificado con lo que proponía la UCR. A partir de ese momento comenzó la histórica polarización partidaria de la Argentina: Peronistas vs. Radicales.
El Peronismo ha sido desde entonces una máquina acumuladora de poder, su proscripción durante las presidencias de facto no ha sido un obstáculo para trascender las generaciones y hoy vemos una inmensa masa de jóvenes peronistas que se auto convocaron a Plaza de Mayo hace algunos días.
El problema que hoy surge con la polarización, es que lleva pensar que solo existen oficialistas o enemigos del proyecto. En el parlamento, son contadas con los dedos de una mano las veces en que los jefes de bloque dan libertad de acción.
           Desde los medios tenemos el “multimedio opositor” Clarín -antiguo amigo de Kirchner y desde hace un tiempo máximo enemigo del Gobierno- y el “multimedio oficialista” desde Canal 7, Canal 9, Tiempo Argentino, etc.
La construcción de un país requiere de todos los sectores, el diálogo entre el oficialismo y la oposición es clave para que las políticas que hacen crecer al país continúen. La política debe ser un debate de ideas y no una confrontación sin sentido. No se trata de amigos y enemigos, se trata de que el sector dirigente, en quien el pueblo deposita el poder logre hacer que cada día tengamos un país mejor.